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El ingreso del Mal de Chagas
en el mundo de la medicina, es relativamente reciente,
sin embargo, existen descripciones relacionadas
con esta enfermedad desde la llegada de los españoles
a América.
En el siglo XVI Fray Ferdinando de Lizarraga
describió la presencia y los hábitos
de vida de la
chinche besucona o vinchuca, en el valle de
Cochabamba, en Bolivia. Otras descripciones fueron
realizadas por Charles Darwin durante el
siglo XIX, en la ciudad de Luján de Cuyo,
Argentina; y por Guillermo E. Hudson en
Uruguay.
El Descubrimiento
La enfermedad fue descubierta y descrita en 1909
por el Dr. Carlos
Ribeiro Justiniano Das Chagas (1879-1934),
médico sanitarista que a principios de
siglo se desempeñaba en el Instituto Bacteriológico
de Manguinhos (hoy Instituto Oswaldo Cruz) de
Río de Janeiro, Brasil.
En el curso de una campaña antimalárica
previa al tendido de la vía férrea
del Ferrocarril Central del Brasil en el Noreste
del Estado de Minas Gerais, Chagas supo de la
existencia de un insecto hematófago, llamado
"barbeiro" por los naturales de la región,
que pululaba en las chozas de barro y paja de
la zona y atacaba al hombre en la oscuridad de
la noche.
Trabajando en la localidad de Lassance, a orillas
del río Bicudo, capturó y analizó
estos barbeiros, identificándolos como
Conorrhinus megistus -ahora Panstrongylus
megistus (Burmeister, 1835)-, y halló
que el intestino posterior estaba poblado de parásitos
"con caracteres morfológicos de Crithidias"
que supuso formas intermediarias de un tripanosoma.
Remitió entonces ejemplares del insecto
al Dr. Oswaldo Cruz, quien hizo picar con
ellos a un ejemplar de mono de la especie Callitrix
penicillata. "Pasados veinte o treinta
días después de la picadura -dice
Chagas-, fueron encontrados en la sangre periférica
de aquel mono, trypanosomas en gran número,
con morfología distinta de cualquier especie
conocida del género Trypanosoma.
Iniciamos entonces el estudio del flagelado,
consiguiendo rápidamente infectar por inoculación
diversos animales de laboratorio: cobayos, perros,
conejos y otros monos". Cumplió así
los postulados clásicos necesarios para
caracterizar a una enfermedad infecciosa:
El aislamiento del germen.
Su asociación con manifestaciones
y lesiones que se reiteran.
La reproducción de la enfermedad
mediante la inoculación del germen a un
animal.
Chagas llamó entonces a este microorganismo
flagelado Trypanosoma
cruzi, en homenaje a su maestro Oswaldo
Cruz. Entre esos días de mediados de
1907 y el 22 de abril de 1909 en que expuso su
descubrimiento a la Academia Nacional de Medicina,
Chagas, Cruz y colaboradores investigaron la epidemiología
de la infección en el área, describieron
la enfermedad aguda y crónica y estudiaron
el ciclo biológico del tripanosoma en el
insecto transmisor y en animales de laboratorio.
Primeros Estudios
En el Instituto de Manguinhos comenzaron a realizarse
varios estudios con los siguientes resultados:
Gaspar Vianna continúa los estudios
parasitológicos y descubre las lesiones
fundamentales de su anatomía patológica;
Guerreiro y Machado ensayan con
éxito la reacción de fijación
de complemento para el diagnóstico de la
enfermedad en los casos crónicos; Ezequiel
Díaz estudió el cuadro hemático;
Arturo Neiva la biología del insecto
transmisor, y Eurico Villela los aspectos
clínicos. Los estudios del grupo de Manguinhos
son enriquecidos por otros investigadores: Brumpt
descubre el mecanismo de la transmisión
de la parasitosis, mientras Mayer y Rocha
Lima primero y Cronwell y Magarinos
Torres después, aclaran aspectos de
la anatomía patológica y la evolución
del flagelado en los tejidos.
Desde el comienzo de sus investigaciones, Chagas
previó que se trataba de una endemia de
extraordinaria importancia por la extensión
del área que abarcaba y por la acción
patógena del Trypanosoma
cruzi, su agente etiológico. Debido
a que la casi totalidad de los pacientes con T.
cruzi en circulación padecían
simultáneamente de bocio o de cretinismo
endémico, se intentó atribuir tales
afecciones tiroideas crónicas al parásito,
al extremo de llegar a proponer el nombre de "tiroiditis
parasitaria" para la enfermedad. Este aspecto
despertó grandes polémicas, especialmente
en Argentina y Brasil, que terminaron por alejar
el interés de los médicos de su
tiempo y postergó por muchos años
el interés en esta enfermedad. Aun así,
lentamente, el descubrimiento de Chagas fue progresando
en diversos países de América: en
El Salvador, Segovia describe el primer
caso de Enfermedad de Chagas aguda en 1914; en
1919 Tejera descubre los primeros enfermos
agudos y tripanosomas en sangre en Venezuela,
señalando al Rhodnius prolixus como
vector de la enfermedad, y Escomel en Perú
también encuentra un paciente con parásitos
en sangre. En ese año se hace igual descubrimiento
en Paraguay, Lutz, Souza, Araujo, De Fonseca
Y Migone encuentran las primeras vinchucas
infectadas y en el año 1924, Gaminara
en Uruguay realiza estudios sobre la infección
de las vinchucas del país por el T.
cruzi. En 1931 se informan 19 casos humanos
de Enfermedad de Chagas hallados en el curso de
una campaña antipalúdica en la zona
del Canal de Panamá.
Obstáculos
durante las Investigaciones
Carlos Chagas
no llegaría a disfrutar en vida la consagración
de su descubrimiento y esfuerzos. Padeció
indiferencia y calumnias. De su desazón
es muestra el siguiente párrafo que le
pertenece: "...hay un designio nefasto
en el estudio de la Trypanosomiasis. Cada trabajo,
cada estudio, apunta un dedo hacia una población
malnutrida que vive en malas condiciones; apunta
hacia un problema económico y social, que
a los gobernantes les produce tremenda desazón
pues es testimonio de incapacidad para resolver
un problema tremendo. No es como el paludismo
un problema de bichitos en la naturaleza, un mosquito
ligado al ambiente o como lo es la esquistosomiasis
relacionada a un factor ecológico límnico
casi inalterable o incorregible. Es un problema
de vinchucas, que invaden y viven en habitaciones
de mala factura, sucias, con habitantes ignorados,
mal nutridos, pobres y envilecidos, sin esperanza
ni horizonte social y que se resisten a colaborar.
Hable de esta enfermedad y tendrá a los
gobiernos en contra...."
En 1912 CHAGAS viajó a Buenos Aires y
presentó en los ambientes científicos
la enfermedad por él descubierta y el resultado
de sus estudios. Su visita fue dura y causa de
profunda desilusión: se le criticó
el haber incluido como manifestación específica
de la nueva tripanosomiasis a enfermos con alteraciones
de la glándula tiroides, que correspondía
a otras entidades y estados pluricarenciales de
la región. Se le propuso que la tripanosomiasis
era un hallazgo casual y que no representaba necesariamente
una enfermedad. En 1914, Maggio y Rosenbusch
mostraron por primera vez que el T.
cruzi infectaba al Triatoma infestans,
que resultaría el insecto vector más
común en el país, aunque sugieren
que: "la vinchuca
infectada con el T.
cruzi en la Argentina, con mucha probabilidad
no produce la Enfermedad de
Chagas. La causa puede ser la atenuación
del trypanosoma por el clima...". En
1915 y 1916, los mismos autores en unión
con Kraus señalan la falta de relación
epidemiológica entre vinchucas infectadas
y bocio y cretinismo endémico, lo que daba
bases a las dudas sobre las concepciones patogénicas
de Chagas. En 1924, Mühlens
(investigador del Instituto de Enfermedades Tropicales
de Hamburgo), Dios, Petrocchi Y
Zuccarini mientras practicaban exámenes
de sangre buscando parásitos de Malaria
en Tucumán y Salta, hallaron los primeros
seres humanos infectados por Trypanosoma
cruzi.
El papel de Salvador
Mazza
En la década de 1920 comienza la relación
de Salvador Mazza
(1886-1946) con la Enfermedad de Chagas, marcando
un hito en la historia del conocimiento de la
enfermedad. Mazza que había conocido
a Chagas en Alemania y estaba muy impresionado
por la claridad y solidez de sus argumentos sobre
la enfermedad, impulsó numerosos estudios
que pronto confirmaron la presencia e importancia
de esta patología en Argentina. En 1926,
Mazza encontró un perro naturalmente
infectado por T.
cruzi y en 1927 diagnosticó clínicamente
el primer caso agudo conocido en Argentina. En
el año 1935 Cecilio Romaña
describe el síndrome puerta de entrada
ocular, denominado complejo oftalmo-ganglionar,
chacoma ocular o signo de Romaña.
En la década del 30, al frente de la Misión
de Estudios de Patología Regional Argentina
(MEPRA), Mazza impulsó el estudio
de esta afección demostrando innumerables
aspectos sobre sus insectos vectores, mamíferos
hospederos, epidemiología y patogenia.
Esta labor permitió diagnosticar varios
cientos de casos sospechados por la clínica
y comprobados parasitológicamente. Por
otra parte, la comprobación de infección
humana en zonas exentas de bocio endémico
permitió superar las trabas que habían
frenado a Chagas. Como consecuencia de
estos trabajos la Trypanosomiasis Americana fue
tema del VI Congreso Nacional de Medicina, en
1939. En 1940 Mazza y Miguel E. Jörg
definen los tres períodos anátomo-clínicos
de la enfermedad, definición que conserva
su validez y aceptación hasta nuestros
días.
En 1946 Mazza que había viajado
a México como invitado especial a unas
jornadas de actualización sobre Chagas
sufrió un infarto agudo de miocardio y
falleció. La MEPRA que se había
constituido en un verdadero equipo multidisciplinario
de asistencia, docencia e investigación,
cuya importancia son testimonio más de
300 publicaciones realizadas sobre la Enfermedad
de Chagas, Leishmaniasis, Brucelosis, Uncinariasis,
Zootoxicosis e infecciones bacterianas, quedó
transitoriamente a cargo de Jörg pero
no pudo sobreponerse a los avatares político-institucionales
que concluyeron con su traslado a la Capital Federal,
una lenta agonía y la resolución
de cierre definitivo que llegaría en 1958.
Fuente de Información
Historia de la Enfermedad de Chagas
Federacion Argentina de Cardiologia
Foro de Educación Continua en Cardiologia
http://www.fac.org.ar/fec/chagas/fatala/historia.htm
Más Información
¿Qué es el mal de
Chagas?
Reseña Histórica
Dr.
Carlos Justiniano Riveiro Chagas (1879-1934)
Dr.
Salvador Mazza (1886 -1946)
Dr.
Mario Fatala Chabén (1936-1962)
Dr.
Oswaldo Cruz (1872-1917)
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